Si no quieres este populismo… tengo otros

Rubén Cortés |
18-05-2017 09:57 AM

La tentación de las simetrías. Los populismos se parecen, porque viven de la oportunidad. Veamos primero el caso Trump, en Estados Unidos: tras ganar la presidencia, gracias a su cartelito de “no ser un político”, cuatro meses después, acorralado por su ineptitud política, se considera... “un político”.

“Ningún político ha sido peor tratado que yo en la historia”, dijo ayer, luego de que su ignorancia política lo metió en un tren expreso cuya última parada puede ser la destitución o su renuncia, tras haber pedido a su exdirector del FBI dejar de investigar la presunta conexión con Rusia de su entorno.

En 1973, Nixon tuvo que renunciar después de pedir presionar a su director interino del FBI, para que detuviese la pesquisa del caso Watergate. Como lo de Nixon, ayer, lo de Trump hoy es una posible prueba de obstrucción a la justicia, algo por lo que en Estados Unidos se puede echar al presidente.

Trump, un hombre de negocios y de la telebasura, llegó a la Casa Blanca con un pegajoso discurso que convenció a sus votantes de que el poder estadounidense ya no necesitaba a los políticos. Es imposible olvidar su frase estrella de campaña, su elíxir del éxito: “¿Qué tan estúpidos son nuestros políticos? Nuestro presidente no tiene la menor idea. Tenemos gente que es estúpida entre la clase dirigente”.

Sin embargo, al cumplir sus primeros 100 días en el gobierno, admitió: “Me encantaba mi vida previa. Ahora tengo más trabajo. La verdad: pensé que gobernar sería más fácil”.

Y, ahora que tiene el agua al cuello por despreciar el juego político, quiere que lo consideren un político:

“Vean cómo me han tratado los medios. Ningún político ha sido peor tratado en la historia”.

Y, por eso de la tentación de las simetrías, veamos ahora el caso de Morena en México. Primero, AMLO dijo que “quien tome la decisión de pasarse a Morena, y se arrepiente de todo lo que pudo haber hecho mal, se purifica”.

Enseguida, una panista veracruzana, Eva Cadena, se cambió a Morena y fue grabada recibiendo miles de pesos y dólares como recaudadora de AMLO, quien entonces tuvo que admitir, en entrevista con Ciro Gómez Leyva, que no ya no mete las manos al fuego por nadie de su partido.

Incluso cambió el discurso sin reparos. Su presidenta del Consejo Nacional, Bertha Luján, admite que quienes se les sumen ahora no están obligados a cumplir con los estatutos de Morena que establecen “no mentir, no robar y no traicionar”.

Es decir, ya no se purifican y pueden mentir, robar y traicionar, pues se adhieren “sólo para apoyar candidaturas”. Lo que importa es ganar el poder, pues.

La honestidad puede esperar.

 

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