¿Qué tendríamos que escuchar en campaña?

Pascal Beltrán del Río |
08-08-2017 08:53 AM

Si la política quiere trascender de la descarada lucha personal por el poder, y significar algo en la vida de los ciudadanos, las inminentes campañas por la Presidencia de la República tendrían que abordar tres temas esenciales: inseguridad, pobreza y corrupción.

En los tres, todos los partidos han quedado a deber, en mayor o menor medida. Peor aún, han sido la causa de esos tres problemas.

Eso tendría que llevar a los votantes a exigir respuestas puntuales, no simples promesas vagas.

Hasta ahora no se ha escuchado un plan detallado para hacer frente a ninguno de ellos.

Usted dirá, con razón, que las campañas aún no comienzan. Yo me temo que, por los antecedentes, la exigencia de que se aborde a detalle la problemática y las propuestas de solución en esos tres temas no puede esperar mucho más.

Hay que decirle a los partidos, de entrada, que todos están en falta. Por supuesto, no todos tienen la misma experiencia de gobierno, pero ya podemos apuntar a casos como los estados de Veracruz, Michoacán, Guanajuato y la delegación Tláhuac para afirmar que ninguno de los partidos ha sabido generar una política de seguridad que funcione para el ciudadano.

Llevamos años de un debate estéril. Que si pacto con la delincuencia o guerra contra el crimen. La realidad es que nada de lo que se ha puesto en marcha ha servido.

Ha habido intentos de certificar a las policías, de integrarlas mediante mandos único o mixtos, de suplirlas con las Fuerzas Armadas... Incluso, se creó un nuevo Sistema de Justicia Penal. Lo único cierto es que los índices de violencia criminal van al alza y ningún partido puede afirmar que no es parte del problema. Ni mucho menos, que sabe cómo arreglarlo.

La pobreza es otro tema de urgente atención.

Si bien se ha reducido en años recientes el número de personas que vive por debajo de la línea de la miseria, esto ha tenido que ver más con el desempeño de la economía que con planes concretos para sacar a millones de mexicanos de un estado de mera sobrevivencia.

El país ha gastado y sigue gastando miles de millones de pesos en los llamados programas sociales que, hasta donde se puede probar, no han sacado a nadie de pobre.

Por el contrario, esos programas, sin instrumentos que midan su eficacia y sin plazos de implementación, han sido la causa de que los pobres se mantengan pobres.

El país necesita un plan maestro para superar el círculo vicioso de la pobreza. Uno que mantenga los subsidios para quien realmente los requiera, pero con metas precisas. Si un programa social de lucha contra la pobreza no tiene como objetivo que el beneficiario emerja de la miseria en un lapso determinado, es dinero gastado de forma irresponsable. Y quizá peor: gastado para mantener una base electoral de personas necesitadas y, por tanto, políticamente sumisas.

Finalmente, está la corrupción. ¿Qué partido puede decir que no tiene ese problema en sus filas? Yo creo que ninguno.

Por ello necesitamos un verdadero compromiso, de gobernantes y gobernados, para ser inflexibles ante el patrimonialismo y la violación a la ley.

Los partidos perdieron una gran oportunidad de mostrar su seriedad en el tema, al no sacar adelante la plena integración del Sistema Nacional Anticorrupción. Y por eso será muy difícil creerle a sus candidatos cuando prometan que acabarán con ese flagelo.

Sin embargo, los ciudadanos no deben desfallecer en la exigencia de resultados concretos. Entre ellos, la aplicación de sanciones duras para los corruptos, que no puedan ser esquivadas, e instrumentos prácticos de rendición de cuentas.

Eso implica, por supuesto, aceptar que el cumplimento del marco legal es responsabilidad de todos, pero también demandar que aquello que ya se puso en la ley para combatir la corrupción se haga.

Si los votantes dejan que los candidatos presidenciales escurran el bulto en estos tres temas, con promesas vacías y declaraciones generales, lo único que pueden esperar después de 2018 es más de lo mismo.

 

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