Pues… sí fue por los votos y la atracción del narco

Rubén Cortés |
06-12-2017 07:56 AM

El anuncio de amnistía de AMLO a los capos del crimen sentó mal de manera general, aunque en el sector de votantes al que no fue dirigido. Los destinatarios reales sí deben estar felices: AMLO reiteró ayer que su oferta de perdón “busca garantizar la paz y la tranquilidad en nuestro país”.

Así que no fue una declaración alocada del candidato presidencial de Morena: es una estrategia para conseguir votos en la extendida base social del narcotráfico en Durango, Sinaloa, Nayarit, Sonora, Baja California, Chihuahua, Coahuila, Tamaulipas, zonas que nunca han sido notables bazas obradoristas.

Se trata de una estrategia muy bien trazada. Por eso hizo el planteamiento en Quechultenango, Guerrero, base del cártel de Los Ardillos, que ha matado allí a policías federales, al candidato del PRI a alcalde y a un dirigente local de Movimiento Ciudadano.
Hasta explica su idea en el minuto 4:45 del tercer adelanto del documental “Esto soy”, que le hace el exitoso productor de narcoseries Epigmenio Ibarra, quien está muy informado acerca de cuán atractivo resulta el narco entre muchas capas de la población, pues le ha hecho ganar mucha fama y dinero.

Dice AMLO: “Se les va a dar protección a quienes ahora están en las cárceles, porque se les acusó de estos crímenes y hay muchas dudas”. Se infiere que alude a José Luis Abarca, a quien designó por dedazo candidato a alcalde en Iguala y acusado de ser el autor intelectual de la desaparición de los 43.

Durante el gobierno de Abarca, en Iguala se instaló el grupo criminal Guerreros Unidos y desde allí controla una de las plazas más productivas en el corredor del tráfico de opio y heroína, desde la Sierra guerrerense a Estados Unidos.
No hay vuelta de hoja: el mensaje de AMLO está muy medido, con números en la mano sobre la profunda penetración y simpatía que despierta el tema del narcotráfico de amplias capas de la sociedad. Quien mejor lo sabe es su documentalista de cabecera, creador de la saga El señor de los cielos.

Ibarra dice que sus series hablan del narco y de su vinculación con el gobierno y el Ejército, pero la verdad es que las suyas, y las otras, son apología al crimen porque, en su argumento, presentan el narcotráfico como un mundo glamuroso, con dinero fácil, de hombres y mujeres atractivos.

Y sus protagonistas son verdaderos héroes y ejemplos a seguir, a través de eficaces guiones, que sus productores justifican como una narrativa que está en función de la realidad.

En eso tiene razón. Todo es justificable. Hasta publicar Mein Kampf con base en la libertad de expresión.

Pero no deja de ser un bodrio.

 

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