Populismo: la palabra que Trump y AMLO desprestigian

La Otra Opinión |
30-12-2016 06:11 PM

La Fundéu BBVA es una fundación asesorada por la Real Academia Española que promueve el correcto uso del idioma en medios de comunicación. Cada año, este organismo elige la palabra más destaca del año por su interés en términos lingüísticos y por la forma en que marca la actualidad informativa.

En este 2016, la palabra del año seleccionada por la Fundéu fue “populismo”.

El coordinador general de la Fundéu, Javier Lascurain explicó que en un año con procesos políticos tan importantes como el Brexit y las elecciones en Estados Unidos, América Latina y España, el término “populismo” se convirtió en un arma de debate político.

Lascurain destacó que todas las palabras que el ser humano emplea en su vida cotidiana están sujetas a un proceso de ampliación y cambio de significado. Y en el caso de “populismo”, su significado parece evolucionar hacia una connotación negativa precisamente a raíz de los procesos políticos arriba citados.

Según apunta la Fundéu, el significado original de “populismo” hace referencia a la defensa de los intereses populares y a “políticos de todas las ideologías, pero que tienen en común la apelación emotiva al ciudadano y la oferta de soluciones simples a problemas complejos”.

Así, ni bueno ni malo por naturaleza --porque nada lo es--, el populismo cayó en el desprestigio en el ámbito político. Y si bien puede decirse que es la sociedad en su conjunto la que con el paso del tiempo va dando forma a la connotación de las palabras, también es necesario apuntar que algunas circunstancias, acontecimientos --y en este caso, también personajes-- suelen tener una especial influencia sobre el significado que la gente les asigna.

Es decir que, en el caso del populismo, gran parte de la connotación negativa proviene de los políticos a los que en tiempos recientes se les ha etiquetado con ese rótulo.

Quizá el caso más célebre de personajes populistas en la política actual es el del presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, quien --como lo indica el término-- apeló en su campaña a las emociones del electorado y le ofreció soluciones sencillas a sus problemas. El problema es que esas emociones fueron miedos  --hacia la migración, hacia el desempleo, hacia lo diferente-- o frustraciones --para con la clase política--, y las supuestas soluciones incluyen medidas imposibles de realizar o, en su caso, racistas y xenófobas.

En México, el más distinguido representante del populismo es Andrés Manuel López Obrador, con un discurso con el que dice defender los intereses de los más desposeídos, pero cuyas promesas están vacías. El tabasqueño no ofrece sustento a sus propuestas, ni explica cómo realizarlas; se limita a prometer que, con él en el poder, todo estará mejor.

Es así como, por personajes como Trump y López Obrador, el significado de populismo evoluciona hacia la mentira y el engaño.

Ahora bien, para ser justos, es importante mencionar que la evolución del término “populismo” hacia un significado negativo no es nueva. Se trata de un proceso de larga duración que se remonta décadas atrás.

El problema es que quienes en épocas pasadas llevaron la bandera del populismo tampoco se hicieron de una mejor fama.

 

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