PAN-PRD: falsos de toda falsedad

Rubén Cortés |
01-11-2017 07:43 AM

Es una contradicción democrática a toda regla: Anaya y Barrales exigen violar los reglamentos del Senado para que el nuevo fiscal electoral sea electo por una vía abierta. Pero obligan a que los candidatos del Frente PAN-PRD a la Presidencia y la Jefatura de Gobierno sean decididos en elección cerrada y secreta.

Más aún:
—En primer lugar, es la negación de los valores democráticos que propugnan los estatutos de ambos partidos en favor del principio básico de una democracia efectiva: “una persona, un voto”.

—En segundo lugar, muestran un desprecio vergonzante hacia sus senadores y hacia la ciudadanía, porque argumentan que sus propios senadores pueden dejarse sobornar, y sus simpatizantes ser rebasados por los de otros partidos.

El propio Anaya admitió la semana pasada temer que los 37 senadores del PAN fuesen comprados “por la buena o por la mala”; y AMLO advirtió a los 16 suyos y los ocho del PRD que el día de la votación “no vayan a enfermarse o a ausentarse”.

Anaya y AMLO coligen: el “gobierno” los puede corromper. Olvidan: para que haya un corruptor, tiene antes que existir un corrupto. Ninguno de los dos cree en sus propios compañeros ni tampoco cree en la gente: es igual a no creer en la democracia.

Miguel Mancera, quien quiere pelearle a Anaya la candidatura presidencial del Frente, insistió en que el dirigente nacional del PAN debe abrir la elección del candidato a la participación ciudadana, en lugar de hacerlo, como tiene casi asegurado, por designación suya y de Barrales.

El Jefe de Gobierno precisó que los tiempos del Frente están llegando a sus máximos para elegir a sus candidatos, con participación ciudadana, con un método transparente, que tenga apertura y que la gente lo conozca. Y apostilló: “Si decimos que es un Frente Ciudadano, pues que se abra a la ciudadanía”.

Sin embargo, Anaya, que es el verdadero jefe del Frente, ya provocó que Margarita Zavala renunciara a tres décadas de militancia en el PAN, porque le aseguró que el candidato del Frente no sería elegido con participación ciudadana, sino por decisión interna.

Pero será difícil que ello ocurra. A estas alturas era de esperarse que la necedad de Anaya hubiese ya mostrado grietas, ante la presión del propio Mancera y de la ya expanista Zavala, así como del perredista Silvano Aureoles y el panista Moreno Valle.

Ninguno pudo con la intransigencia de Anaya, aunque la estrategia no ha podido ser mejor: con tazas de su propio chocolate. Es decir, insistiéndole que el Frente es “ciudadano” pero no tiene ningún ciudadano, ni la ciudadanía tiene acceso a él, ni siquiera con el voto.
Pero Anaya les ha ganado a todos. O, más bien…

Nadie puede con Anaya.

 

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