Narcoseries: ¿El origen de todos los males?

31-10-2016 07:23 PM

El narcotráfico, el crimen organizado y la violencia son —por desgracia— fenómenos cada vez más cercanos a la realidad mexicana y latinoamericana. Tal es así, que estos fenómenos han tomado por asalto las pantallas de la televisión abierta y restringida, con producciones ambientadas en el contexto de los cárteles de la droga.

Se trata de las llamadas “narcoseries”, cuyos contenidos violentos y retratos de los criminales han sido criticados en distintas oportunidades.

En esta ocasión, el rechazo a las “narcoseries” llega desde el Congreso, donde Zoé Robledo y Lía Limón García, presidentes de las Comisiones de Radio y Televisión en el Senado y la Cámara de Diputados, respectivamente, quienes piensan citar a comparecer a los titulares de la Subsecretaría de Normatividad de Medios y de la Dirección General de Radio, Televisión y Cinematografía de la Segob, así como al director del Instituto Federal de Telecomunicaciones para que expliquen por qué han sido omisos al permitir que las televisoras comerciales transmitan este tipo de contenidos.

Según los legisladores, las “narcoseries” generan una “apología de la violencia” y “hacen ver al narcotráfico como un modelo de vida aspiracional”, por lo que violan lo dispuesto en los artículos 223, 226 y 228 de la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión.

Pero, ¿Cuáles son las disposiciones que —de acuerdo con Robledo y Limón García— contradicen las narcoseries?

En los artículos citados por los legisladores se lee que la programación difundida por radio y televisión debe promover el desarrollo integral de la niñez, la integración de las familias, el mejoramiento de los sistemas educativos, la difusión de valores artísticos y culturales, el desarrollo sustentable, la difusión de ideas que afirmen la unidad nacional, la igualdad entre mujeres y hombres, la divulgación del conocimiento científico y técnico, el uso correcto del lenguaje, etc.

¿Pensarán los legisladores quejarse de todos los contenidos que no cumplan con estas características? Porque de ser así, radio y televisión correrían el riesgo de quedarse sin programación alguna.

Es cierto, las llamadas “narcoseries” suelen hacer apología de la violencia y de los capos del crimen organizado. Pero,  ¿Dónde queda la libertad de expresión de las empresas productoras y la libertad de elección de la audiencia que los consume?
Y es que no es precisamente que las “narcoseries” motiven al público —con capacidad de discernimiento y raciocinio— a unirse al crimen organizado. Por el contrario, algunas de estas producciones incluso retoman elementos de la realidad mexicana y narran historias de personajes reales, como Pablo Escobar —en “Pablo Escobar, el patron del mal”— o Amado Carrillo— en “El Señor de los Cielos”—.

Pero si a los legisladores tanto les preocupa que el fenómeno del narcotráfico y la violencia carcoma el tejido social ¿Por qué no mejor las cámaras se encargan de hacer leyes más efectivas para el combate al narcotráfico?

Por ejemplo, Robledo y Limón García afirman que los contenidos de las narcoseries “contravienen la lucha de fuerzas armadas” que combaten el narcotráfico. ¿Acaso no coadyuvarían más a la lucha de las fuerzas armadas protegiendo sus derechos humanos que legislando en contra de las narcoseries?

 

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