MORENA: “EL DEDO” Y “LA PURIFICADORA”.

Ricardo Alemán |
12-07-2017 06:00 AM

En los años 60, 70 y 80, del siglo pasado, una de las mayores críticas que formulaban la izquierda y la derecha mexicanas eran contra la cultura “del dedazó” en la selección de los candidatos del PRI a puestos de elección popular, en especial los aspirantes presidenciales.

Más aún, la picaresca social lanzó contra el priísmo un fino humor que dio vida “al gran dedo”; epítome del poder presidencial y del futuro político en México.

Humoristas profesionales de aquellos años –destacadamente Magú en los Diarios Uno Mas Uno y La Jornada-, caricaturizaban a “el dedo” con el dibujo de una falange purulenta capaz de dar o quitar; dueña del futuro y las vidas de los políticos.

Sin embargo, hoy “el dedo” ya no sorprende a nadie. ¿Por qué? Porque en su versión moderna ya no es propio del PRI; “el dedo” es patrimonio de dirigentes y políticos de todos los partidos; PAN, PRD Morena, Partido Verde, Panal, PT…

Más, “el dedo” es parte del nuevo diccionario político de partidos como Morena. “El dedo”, es mucho más que la falange índice del dueño de un partido. No, “el dedo” es la definición del termino “consenso”.

    Y es que en su más reciente Consejo Nacional –chabacano engaño alejado años luz de la democracia-, Morena y su dueño decidieron que las candidaturas a puestos de elección popular serán procesadas mediante el democrático, infalible y bendecido procedimiento “del consenso”.

¿Qué es el “consenso”, en un partido político como Morena?

    Nadie en Morena lo dice, pero todos en Morena lo saben. El “consenso” es el viejo “dedo” que inventó el PRI a lo largo de su historia para preservar “la dictadura perfecta”.

Hoy, en Morena “el dedo” tiene nombre y apellido. En Morena “el dedo” se llama Andrés y se apellida López.

Y hoy “el dedo” será capaz de seleccionar a un candidato presidencial de Morena –que todos saben quien es-,  además de nueve aspirantes a gobiernos estatales, a centenares de candidatos a diputados federales, estatales, senadores y alcaldes.

Pero “el dedo” --como queda claro--, no se manda solo. Es el instrumento para señalar a los agraciados y para echar a los desgraciados. “El dedo” suele ser autoritario, no admite democracia, disenso, discusión. “El dedo” es único, infalible, inatacable e intachable. “El dedo” es el alter ego del poder en México.  

    Por eso, “el dedo” aparecerá pronto en la Real Academia como sinónimo de “consenso”, en el siempre brillante léxico de partidos políticos como Morena.

    Pero la misma Real Academia incluirá otra definición de ese rico diccionario de la política mexicana, que es el partido de AMLO.

Si algún curioso busca el significado de “purificadora”, la Real Academia responderá que hay purificadoras de agua, de aire, lácteos y muchos otros.

Sin embargo, en la picaresca local el nuevo significado de “purificadora” es el el Partido Morena; empresa capaz de purificar a políticos pillos y sinvergüenzas; capaz de convertir a “los cerdos cochinos y marranos” y “a las ratas”, en políticos impolutos.

    Y es que la ambición sin freno por alcanzar el poder --que caracteriza a AMLO--, ha llevado a su partido y a su proyecto político a ser el aparato campeón en la recolección de la peor bazofia de la política mexicana y convertirla en “los nuevos productos de la sanidad y la santidad partidista” de AMLO.

La jerga callejera ya moteja a Morena como la “purificadora”, empresa familiar presentada como partido político, capaz de perdonar y purificar hasta a las peores sanguijuelas de la política, a quienes transforma en los nuevos próceres de la patria. ¡Y que chingue su madre el que no se santigüe frente a esos próceres purificados”.

Lo ridículo de la parodia del “dedo” y la “purificadora”, es que a pesar de la grosera ridiculización de la política mexicana, del sistema de partidos y de la propia sociedad –en tanto votantes--, es que nadie dice nada, pocos están preocupados por el maniqueísmo al que llevan algunos políticos la lucha por el poder y, sobre todo, la burla a la sociedad toda.

Parece que la brillante intelectualidad mexicana está reconfortada, aliviada y agradecida por el regreso del pasado político; por la vuelta del vulgar “dedo” y el insulto de “la purificadora”.

Parece que los críticos de partidos y políticos; que satanizaron a Peña porque no recordó el título de tres libros y que crucificaron a Fox por ignorante, prefieren aplaudir la monstruosidad antidemocrática de Morena y su dueño; se congratulan por su falsa identidad de izquierda y se santifican frente al fatuo símbolo de viejo del PRI, al que hacen caravanas con un sumiso “¡señor candidato!”.

El problema no es el regreso del “dedo” y “la purificadora”. El problema son los pigmeos del intelecto mexicano.

Al tiempo.     

 

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