México debe rechazar la “venezolanización” que propone AMLO

La Otra Opinión |
20-04-2017 06:53 PM

Mientras figuras cercanas a Andrés Manuel López Obrador --como John Ackerman y Yeidckol Polevnsky-- alaban al régimen dictatorial de Venezuela y denostan a la democracia mexicana, nuestro país es reconocido a nivel internacional por su solidaridad con los países que han sufrido dictaduras desde hace al menos cinco décadas.

En otras palabras, mientras el lopezobradorismo ataca a las instituciones mexicanas desde casa, esas mismas instituciones son enaltecidas desde el exterior.

Si usted lo duda basta con echar un vistazo al artículo publicado en La Jornada por John Ackerman el pasado 27 de marzo.

Días antes, México firmó --junto con otros 13 países miembros de la OEA-- una carta para exhortar al gobierno de Venezuela a restablecer la normalidad democrática. Al respecto, Ackerman escribió que el exhorto fue una “agresión” a Venezuela y una “traición a los principios de solidaridad latinoamericana”. Además, agregó que “Venezuela es un país mucho más democrático y respetuoso de los derechos humanos que México” y ensalzó su texto con mentiras sobre la situación en en el país sudamericano.

La posición del asesor de AMLO contrasta con la de José Carlos Mahia Freire, presidente de la Cámara de Representantes del Parlamento de Uruguay, quien fue recibido este jueves por el Senado de la República en una sesión solemne.

Mahía Freire calificó a México como un país solidario, sobre todo por el apoyo que brindó a los ciudadanos de países del Cono Sur que durante los años 70 y 80 vivieron dictaduras militares que cometieron “aberraciones hacia inocentes que buscaban pacíficamente sociedades más justas”.

Hoy, la Venezuela que adoran Ackerman, Polevnsky y AMLO es una dictadura militar, y su población es víctima de esas aberraciones, como quedó en evidencia este miércoles con la muerte de manifestantes opositores al régimen chavista.

Es así como la visita del presidente del Parlamento Uruguayo sirvió como ejemplo de que México debe buscar seguir buenos ejemplos en el ámbito internacional, en lugar de seguir malas influencias, como proponen Ackerman y compañía.

Uruguay, por ejemplo, es un país pionero en el impulso a los derechos políticos y sociales en América Latina. Tal como mencionó Mahía, dicho país ha innovado en materias como la legalización de la vent de marihuana y del matrimonio igualitario, así como de la interrupción voluntaria del embarazo, entre otros temas.

Incluso el presidente de la Mesa Directiva del Senado, Pablo Escudero, reconoció que Uruguay es un país con uno de los ingresos per cápita más altos de la región, así como con cifras de pobreza y desigualdad equiparables al de las economías más desarrolladas del mundo.

En contraste, Venezuela tiene una inflación anual superior al 700 por ciento, no hay alimentos ni medicinas, y mucho menos, libertades políticas o democráticas.

¿Usted qué opina? ¿Qué ejemplo le conviene seguir a México?

 

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