Meade: ¿La muerte del viejo PRI?

La Otra Opinión |
04-12-2017 06:06 PM

Hace seis años, el cabalístico 27 de noviembre de 2011, Enrique Peña Nieto se registraba como “precandidato único” del PRI a la presidencia de la República.

En su discurso el mexiquense aseguró que en nuestro país soplaban “vientos de cambio y esperanza”. Pero en la “liturgia” tricolor más bien se percibía un tufo a viejo PRI.

El día posterior al registro, la prensa consignaba en sus encabezados: “Revive Peña al viejo PRI”, y relataba los rituales que por años rodearon las liturgias del tricolor cuando era el partido en el poder: el “destape”, la “cargada” de gobernadores, legisladores y líderes de los sectores que arropaban al candidato en medio de discursos de unidad…

Todo lo que en 2006 no pudo hacer el tricolor o hizo en medio de un ambiente enrarecido por el “agandalle” de la candidatura por parte de Roberto Madrazo, pero que volvimos a ver en el registro de José Antonio Meade como precandidato.

La pregunta es: si un externo como Meade gana la presidencia y se convierte de facto en jefe del partido, ¿estaremos ante un cambio de paradigma en el PRI?... ¿O se aferrará el tricolor a su “liturgia”, el “dedazo” y la “cargada”?

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Los fantasmas tricolores

Hace seis años, la investidura de Peña Nieto como precandidato se vio en parte eclipsada por el escándalo del entonces presidente del PRI, Humberto Moreira, y la “megadaeuda” de 34 mil millones de pesos contratada --presuntamente, de forma ilegal-- durante su periodo como gobernador de Coahuila.

Ya como precandidato, Peña no dudó en declarar que Moreira debía tomar definiciones respecto a su papel como dirigente del tricolor y el desgaste que el llamado “moreirazo” estaba generando para el partido.

En menos de una semana, el 2 de diciembre de 2011, Moreira presentó su renuncia ante el Consejo Político Nacional del PRI, supuestamente para evitar que la “guerra mediática” en su contra dañara la imagen del tricolor. Luego, Peña calificó su decisión como “atinada”.

Lo cierto es que la renuncia de Moreira permitió a Peña sacudirse del fantasma del “viejo PRI” y de la corrupción de los gobiernos tricolores. Fantasma que lo habría perseguido si Moreira se hubiera quedado para el periodo de campañas.

Ahora, Meade llega como un candidato “sin cola que le pisen”. Pero tendrá que sacudirse los fantasmas de los Duarte, de Borge y de Yarrington, entre otros, que sus rivales no dudarán en revivir durante la campaña.

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Los enredos literarios de Peña Nieto

Pero el fantasma que sí persiguió a Peña Nieto durante la campaña, y lo sigue persiguiendo, es el de su presentación en la vigésimo quinta edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el 3 de diciembre de 2011.

Luego de dictar la conferencia magistral “Por un acuerdo Nacional para impulsar el desarrollo”, el mexiquense fue cuestionado acerca de los tres libros que marcaron su vida política y personal.

Peña mencionó la biblia, y luego confundió a los escritores Carlos Fuentes y Enrique Krauze, enredo que le valió a Peña un “troleo” en prensa y redes sociales.

Entre el “moreirazo”, los enredos literarios, recuerdos del caso Atenco y el posterior surgimiento del #YoSoy132, Peña tuvo un arranque difícil en la carrera presidencial… pero llegó a la meta.

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AMLOVE para “los Chuchos”

Luego de cinco años de distanciamiento, el 1 de diciembre de 2011, Andrés Manuel López Obrador se reconcilió --de dientes para afuera-- con la entonces corriente dominante del PRD: la Nueva Izquierda de “Los Chuchos”.

En un evento planeado para “refundar la unidad” del PRD en torno a su candidato presidencial, el tabasqueño se reunió con Jesús Zambrano y Jesús Ortega en un evento que describió como lleno de “amor y paz”.

La prensa aprovechó para cuestionar a López Obrador por todas las veces que había calificado a “los Chuchos” como “paleros” y los había acusado de pactar “en lo oscurito” con “la mafia”.

Evasivo, el tabasqueño contestó que le iba a ganar a la mafia del poder con “paz y amor”. Eran los tiempos que en buscaba contrarrestar su imagen beligerante con el discurso de la “República amorosa”, y se hizo acreedor al mote de “AMLOVE”.

Pero el que no estuvo muy amoroso fue Jesús Ortega, quien no dudó en recordar que su simpatía estaba con Marcelo Ebrard y no con López Obrador.

Al parecer, se acabó el amor entre AMLO y  quien había sido su coordinador de campaña en 2006.

Por cierto… ¿Dónde está quien fuera coordinador de campaña de AMLO en 2012?

Al parecer, Ricardo Monreal está borrado de Morena. Cuando el tabasqueño se vaya a hacer campaña, la dirigencia del partido quedará en manos de Yeidckol Polevnsky, y no del zacatecano, como se llegó a especular

 

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Expediente Político

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