MATARON AL DIARIO LA JORNADA.

Ricardo Alemán |
02-07-2017 06:00 AM

No, no murio de muerte natural; la mataron. 

Y es que los dueños de La Jornada podrán presumir su maestría en el arte del esquirolaje, podrán burlar a trabajadores y empleados que se fueron a huelga, y hasta podrán ser y hacer hoy todo lo que criticaron a los 20… pero lo cierto es que La Jornada ha muerto. 

Y no murió de muerte natural, la mataron.   

Mataron al mejor diario independiente del México de los años 80, referente de la izquierda democrática, que dio voz a los que no tenían voz y fue capaz de abrir los ojos y las mentes a los más vigorosos cauces de la alternancia en el poder, cuando pocos creían en alernancia y democracia. 

Mataron al emblema del periodismo para el ciudadano de la calle; periodismo que antes que empresa mercantil fue un delicado equilibrio entre la empresa, la responsabilidad social y la más saludable competencia de las ideas. 

Mataron a las más perfecta máquinaria para mostrar la verdad social y política; para producir la más apabullante pluralidad de ideas y estimular la tolerancia entre la diversidad; mataron a la fábrica del mejor periodismo que se hizo en años y mataron la mejor escuela de periodismo del último cuarto de siglo. 

A La Jornada la mató una camarilla de ambiciosos sin límite, con Carmen Lira a la cabeza, quien desde 1996 convirtió al diario en casa y causa del periodismo militante y quien hizo una trinchera partidista con la línea editorial. 

Y si dudan, quebrada La Jornada, AMLO respalda a su comadre, Carmen Lira, y deja en la calle a los trabajadores. Homenaje de cuerpo completo al gran José Emilio Pacheco Y es que La Jornada, sus dueños y beneficiarios --como AMLO--, “son todo aquello que criticaron a los 20 años”. Esquiroles sin pena y patrones sin verguenza. 

Mataron a La Jornada con periodismo panfletario, militante y rencoroso como el del 3 de octubre de 2017, cuando olvidaron una sóla línea a la muerte del gran Luis González de Alba. 

Así lo dijimos: “Para esa brillante prensa que milita, cuyo periodismo es de causa y consigna, la muerte no existe si ellos no publican que la muerte llegó por tal o cual; no importa si fundó ese diario; si fue amigo entrañable del director fundador, si ayudó a muchos que hoy no se atreven a reportear su muerte o recordar su vida. 

“Prensa de consigna y mezquindad dictatorial, de venganza, que obedeció la consigna de no mencionar la muerte de uno de sus pilares fundadores. 

“Prensa que hizo el mejor favor posible a Luis González de Alba --al no reportear su muerte y no recordar su vida--, porque con esa soez omisión le dan la razón al gran Luis, que seguro vuelve a morir, de risa, con un socarrón: “¡Se los dije!”. 

Y al brillante periodismo de Carlos Payán y Carmen Lira solo faltó una Rayuela con la consigna. “¡Falso..! ¡No murio Luis González de Alba!”” 

Podrán publicar La Jornada. Pero La Jornada está muerta. La mataron. 

Al tiempo 

 

 

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