Los excluidos del Frente

Jorge Fernández Menéndez |
09-08-2017 10:03 AM

El Frente Amplio es una buena opción electoral para 2018, será muy difícil alcanzarlo, pero no imposible. Pero, planteado como se hizo el fin de semana en Chihuahua, está condenado al fracaso. Ese Frente tiene que nacer de los acuerdos del PAN y el PRD, al mismo pueden agregarse otros muchos participantes, pero debe tener una base programática mínima que simplemente no es posible lograr si se quieren incorporar a todos los invitados por Javier Corral a su estado.

Porfirio Muñoz Ledo trabaja básicamente para López Obrador y éste se supone que es un Frente formado para oponerse tanto a Morena como al PRI. Cuauhtémoc Cárdenas ha dicho muchas veces que se opone a cualquier alianza con el PAN y es partidario, como Muñoz Ledo, de dar marcha atrás a las reformas energética y de telecomunicaciones, entre otras. Emilio Álvarez Icaza propone una candidatura ciudadana porque está en desacuerdo con las que impulsan los partidos, todos, pero, además, sus posiciones están profundamente alejadas tanto del PAN como del PRD, particularmente en temas de derechos humanos. Jorge Castañeda también es un firme impulsor de las candidaturas ciudadanas, muy alejado del PAN y el PRD, aunque él sí es un defensor de las reformas estructurales. Y así podríamos seguir con todos y cada uno de los participantes.

En ese encuentro se dijo que se formaría el Frente y a partir de allí se avanzaría en las candidaturas. En realidad, es al revés: cuando se está pensando en un Frente de estas características se debe tener claridad sobre qué se quiere, cómo se designará candidat@ y cuáles son sus componentes centrales. Con todo respeto: no es lo mismo para un Frente de estas características que no participe Muñoz Ledo, cuyo candidato ya es el de Morena, a que sea excluida Margarita Zavala, que es, en todas las encuestas, la mejor posicionada del PAN.

Precisamente ese es el punto más débil de la convocatoria de Chihuahua: las exclusiones. Dice Julio Cortázar en Rayuela que “hay ausencias que representan un verdadero triunfo”, y algo de eso sucedió con el hecho de que ni Margarita Zavala ni Rafael Moreno Valle hayan sido convocados a ese encuentro, mientras sí lo fueron quienes abiertamente se oponen tanto al PAN como al PRD e incluso apoyan otras opciones para 2018. Tanto Alejandra Barrales, en el PRD, como Ricardo Anaya, en el PAN (una, aspirante al gobierno capitalino por esa alianza; el otro, a la candidatura presidencial), podrán llegar a muchos acuerdos, pero si no logran un acuerdo interno, sus fuerzas se verán radicalmente disminuidas y ello es mucho más grave aún en el caso del PAN.

¿Por qué tendría, por ejemplo, Margarita Zavala que aceptar un acuerdo que la excluyera en el método de selección de candidato para el hipotético Frente cuando está arriba en las encuestas e incluso puede competir sola con el PAN contra Morena y el PRI? ¿Por qué, con qué estímulos, podrían los perredistas aceptar un proceso de selección de candidato donde saliera favorecido un panista, incluyendo a Margarita o Moreno Valle? ¿Sólo con la candidatura común al gobierno de la CDMX? ¿y los aspirantes a la Presidencia y a la jefatura de gobierno de la ciudad se decidirían de la misma manera y con los mismos parámetros?

Uno de los principales impulsores del Frente, que estuvo presente en Chihuahua, me decía que la fórmula podría basarse en realizar una verdadera elección interna, y aceptar a quien sea que gane, al mismo tiempo que se acuerda una serie de puntos que pase básicamente por el cambio del sistema, desde la creación de una figura casi de primer ministro, mientras se procesa la transformación del sistema presidencialista hacia uno parlamentario o semiparlamentario. Algo similar ha propuesto Héctor Aguilar Camín. De esa forma importaría un poco menos quién encabezaría el Frente en 2018, respecto de las transformaciones que inmediatamente tendría que asumir. No es descabellado, pero para eso se requiere, también, una confianza en todos sus integrantes de que se puede avanzar en esa fórmula y que no será traicionada después. E incluso alguien como Beltrones podrá alegar que para eso no es necesario un Frente, que se puede lograr impulsando la creación legal de los gobiernos de coalición y manteniendo la personalidad partidaria.

El Frente es una posibilidad y una opción, pero la reunión de Chihuahua pareció, en ese contexto, un escaparate para un acuerdo Anaya-Barrales, con un Javier Corral que fungió, al mismo tiempo, como anfitrión y como alternativa si no se llegan a poner de acuerdo con Anaya. En esa lógica, lo que van a lograr es que una parte del PRD se vaya (como de todas formas se irá hacia Morena, y ahí están Pablo Gómez y Leonel Godoy para demostrarlo), pero mucho más grave para el hipotético Frente, que el PAN también se rompa. Y aunque a algunos les moleste, Margarita Zavala no tiene el mismo peso, para un Frente y en una elección nacional, que Muñoz Ledo Álvarez Icaza.

 

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