La "madriza" a una senadora

Ricardo Alemán |
18-12-2016 09:20 AM

Nada –y nada es nada-, justifica la “madriza” que manos criminales propinaron a Ana Gabriela Guevara, agredida en las calles de la capital del país a causa de un presunto incidente de tránsito.

         Y no existe –por donde se quiera ver-, razón que justifique la agresión a la velocista que gusta de viajar en motocicleta.

         Y muchos podrán decir misa -y justificar el hecho, como respuesta a la prepotencia propia de políticos o de las mujeres de la política-, pero tampoco en ese caso se justifica la “madriza”.

Y es que la barbarie callejera –lanzada contra mujeres o contra hombres-, no debe o no debiera tener lugar en una sociedad de mujeres y hombres civilizados y educados en la convivencia democrática.

Es decir, mujeres y hombres formados en el respeto a las libertades y los derechos del otro –derechos como el libre tránsito, sea en bicicleta, motocicleta o patín del diablo-; formados en el respeto al que piensa distinto, disiente y discute sin imponer el pensamiento propio y tampoco descalifica las opiniones distintas.

 El problema es que en esa selva de la antidemocracia que son las calles, todos los días y a cada minuto –en todo el país-, aparece la verdadera radiografía del mexicano medio; fotografías de cuerpo completo que nos exhibe a casi todos como manada de bárbaros.

Y es que en la calle todos o casi todos somos el troglodita que no se asume como ciudadano; que transpira intolerancia y odio al que camina junto a él; animal autoritario y valemadrista que mienta madres a todos y contra todo y que no respeta nada ni a nadie.

Animal citadino que subido sobre las dos ruedas de un patín del diablo, una bicicleta, motocicleta o las cuatro llantas de un automóvil, es igual de cafre, irrespetuoso, violento y violentador de todas las reglas de tránsito y convivencia pero que… rabioso reclama para sí, el respeto que nunca concede al otro.

Lo curioso es que la senadora golpeada en la calle –y cuya agresión nada justifica--, es la misma legisladora cuyo partido –y ella misma-, no respetan las reglas básicas de la convivencia democrática en el Congreso; cuyo líder manda al diablo las instituciones, cuyos colegas –y ella misma-, ofenden con bonos insultantes y cuyos gobernantes “madrean” todos los días a los ciudadanos con sus raterías y corruptelas.

Sí, “la madriza” a la senadora es injustificable, pero la llamada de atención por la barbarie callejera es para todos porque empieza en la casa y la familia.

¿Y qué hacer y qué decir si senadores y diputados son espejo de las madrizas callejeras a los ciudadanos? ¿Qué decir de la autoridad que pronto resuelve la “madriza” a una senadora y nunca atiende las “madrizas” a los ciudadanos de a pie?

Al tiempo.

 

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