La Jornada, peñista y madurista a la vez

La Otra Opinión |
22-08-2017 01:10 PM

El pasado 31 de julio, el diario La Jornada celebró, con su nota principal, la “de ocho”, como se dice en el argot periodístico mexicano, la elección de la Asamblea Nacional Constituyente de Venezuela, un instrumento usado por el presidente de ese país, Nicolás Maduro, para perpetrar un golpe de Estado.

Con la cabeza de enorme tamaño: “Ocho millones de venezolanos avalan la Constituyente”, La Jornada confirmó su simpatía con el régimen dictatorial de Maduro.

Pero paradójicamente, al mismo tiempo que simpatiza con Maduro, La Jornada también se alinea con el PRI y con el presidente de la República, Enrique Peña Nieto.

De acuerdo con un estudio elaborado por la revista especializada en medios Etcétera, en lo que va del 2017 La Jornada ha dedicado la mayoría de sus espacios destacados en portada y contraportada al presidente Peña Nieto.

El presidente y en las últimas semanas el secretario de Hacienda, José Antonio Meade, se han llevado la mayoría de las cabezas “de ocho” y las imágenes principales.

Etcétera destaca que en la edición del jueves 18 de mayo, La Jornada relegó la información sobre la protesta de varios periodistas en Los Pinos que exigieron justicia frente al asesinato de varios colegas.

Y en cambio, le dedicaron prácticamente toda la portada, con foto de casi media plana, a Peña Nieto y su declaración: “Peña: el ataque a periodistas, una ‘profunda herida'”.

¿Por qué se acerca tanto La Jornada a Peña Nieto y sobre todo, a quien muchos creen que será el candidato presidencial del PRI en el 2018?

Sencillo: porque han sido gobiernos del PRI los que han salvado de la quiebra en varias ocasiones a La Jornada, cuyos directivos pegan con una mano y cobran con la otra.

Y ahora que La Jornada está en una nueva crisis financiera, que muchos consideran terminal, los directivos buscan arrimarse a la cobija que antes los ha protegido y levantado.

La Jornada está muy lejos de ser aquel medio de comunicación que fue fundado como una alternativa al control de medios que ejercía el régimen autoritario del PRI.

Ese medio que en sus primeros años dedicó sus principales espacios a defender las causas sociales, hoy sufre una confusión ideológica y de principios y lo mismo se erige en vocero oficial de Morena y de la dictadura de Maduro en Venezuela que en un apologista del PRI y de Peña Nieto.

 

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