La izquierda retardataria

Juan José Rodríguez Prats |
03-08-2017 10:57 AM

No debemos negociar con miedo,
                pero no debemos tener miedo a negociar.

John F. Kennedy

 

La reflexión política debe hacer un elemental ejercicio de memoria y a su vez prever escenarios hacia el futuro para tomar las mejores decisiones. Para empezar, preguntémonos cuáles reformas han impulsado los cambios para bien de México y quiénes se han opuesto.

Al iniciar el gobierno de Carlos Salinas de Gortari el Partido Acción Nacional tuvo el valor de sentarse con el gobierno para impulsar las reformas hacia la transición democrática, una de las razones por las que se dio la alternancia en el 2000. Cuauhtémoc Cárdenas, más preo-
cupado por su candidatura hacia 1994, se negó a cualquier acuerdo. Difícilmente nuestro país tendría hoy un sistema financiero y bancario sólido y garante de una buena estabilidad económica sin la reforma que devolvió las instituciones bancarias a manos particulares. En ese caso también la “izquierda” se opuso a esta acertada rectificación.

Las cifras actuales del desarrollo agropecuario —el primer rubro en ingreso de divisas— es consecuencia de haber terminado con el reparto de la tierra y haber dado certidumbre jurídica al campo mexicano. Reforma a la que se opuso esa llamada izquierda en 1992.

Lo he dicho e insisto en ello, efectivamente, quedaron impunes muchos delitos derivados de los créditos otorgados por la banca sin las suficientes garantías, pero haber respaldado el reconocimiento de la deuda adquirida por el Fobaproa —y ya suscrita por órganos gubernamentales— fue una decisión valiente que evitó el resquebrajamiento del sistema financiero. Nuevamente, la decisión le correspondió al PAN.

Al inicio del gobierno de Vicente Fox hubo la invitación para integrar un gobierno de coalición, mediante el ofrecimiento al PRD de las secretarías de Medio Ambiente, Contraloría y Desarrollo Social, lo que hubiera llevado a la sepultura del partido oficial. Nuevamente el partido del “no” se opuso.

Durante los sexenios panistas prevaleció la negativa a hacer cambios, limitando sus posibilidades para hacer un buen gobierno. La reforma al sector energía no prosperó. Hoy es evidente que los cambios eran necesarios y ya empiezan a dar resultados. De haberse hecho hace algunos años hoy estaríamos disfrutando mayores beneficios.

Esa izquierda que presume impulsar cambios y reformas ha sido un permanente obstáculo al progreso de México y a su desarrollo económico. Vayamos ahora a los escenarios futuros.

Lo más probable, desgraciadamente, es que las cosas empeoren. Ni nuestra política exterior ni la interior nos permiten ser optimistas. Por lo tanto, es preciso buscar coincidencias de las que emanen acuerdos fundamentales. Lo más necesario es cumplir y hacer cumplir la ley, un deber primigenio para superar nuestra actual crisis.

Lo más difícil en un Estado de derecho es una relación madura y sensata entre el Poder Legislativo y el Poder Ejecutivo. Allí está la clave para hacer reformas que consoliden su marco jurídico. Por eso me parecen de la mayor relevancia los últimos acontecimientos en Estados Unidos de Norteamérica (del cual imitamos nuestro régimen presidencial). Con ellos se hace evidente cómo un Congreso con madurez puede frenar, pero también impulsar las políticas que propicien el bien común. El ejemplo lo acaba de dar la reflexión ética y política del senador John McCain, quien señala: “Hemos estado perdiendo el tiempo en asuntos importantes porque insistimos en querer ganar sin buscar la ayuda del que está al otro lado del pasillo (…) Dedicarse a impedir que tus oponentes políticos cumplan sus metas no es el trabajo más inspirador. La mayor satisfacción es respetar nuestras diferencias, pero sin impedir los acuerdos”.

 

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