En Narcoperiodismo, Javier Valdez Cárdenas escribió la crónica de su asesinato

La Otra Opinión |
15-05-2017 06:34 PM

Narcoperiodismo retrata un México en donde los periodistas son amenazados, cooptados, levantados, torturados y finalmente asesinados por el crimen organizado.

Es el último libro de Javier Valdez Cárdenas, quien fue asesinado este lunes al medio día en la ciudad de Culiacán, capital del estado de Sinaloa.

En Narcoperiodismo, Javier Valdez Cárdenas escribió la crónica de muchos periodistas --con nombres y apellidos-- que de alguna u otra forma han sido víctimas del crimen organizado y de la complacencia o negligencia de las autoridades. Y sin proponérselo, Javier también escribió la crónica de su propio asesinato.

En el libro, el último de varios que dedicó al tema, Javier Valdez describe las condiciones a las que se enfrentan los periodistas en regiones del país en donde gobierna el crimen organizado.

En esas regiones de estados como Sinaloa, Tamaulipas, Veracruz, Guerrero y Jalisco, el jefe de plaza del narco es a la vez el jefe de información y el director de los diarios. Es quien decide qué se publica y en qué espacio. Cuál imagen sale y cuál no.

Aquí unos fragmentos del libro:

“Hay cadáveres en las calles. Explota una granada en alguna parte. Un niño muere durante una persecución de militares tras unos halcones. Hay matones detenidos y armas decomisadas, olor a carne quemada, a cabellos muertos. La ciudad es como un panteón de almas en pena, una Llorona multiplicada que en realidad no tiene lágrimas porque las desparrama hacia adentro”.

“¿Por qué? Porque mandan ellos, los narcos. Depende de qué región de Tamaulipas hablemos, pueden ser Zetas o del Cártel del Golfo. El silencio gana. Reportear es no investigar y más. O menos. Es quedarse callado, mirar para otro lado. Hincarse bajo las exigencias de ésos, los otros, los que tienen los genitales hinchados y el alma seca; aquí te la cortas, nomás los güevos son míos. Y si publicas algo, te mato. Es decir, te chingaste, yo mando”.

En otra parte del libro, el autor narra la forma en que el jefe de plaza del narco cita a los directivos de un periódico  en un café y ahí les reclama por una nota que viene en la primera plana. Acosados, los directivos recurren a la artimaña de  “regañar” ahí mismo a sus subalternos incluso con groserías por el “error” cometido. Luego ofrecieron disculpas al mafioso que los convocó en ese café. Solo así se salvaron de ser levantados o asesinados en ese momento.

Javier Valdez Cárdenas narra en su libro cómo fue que varios periodistas tuvieron que dejar sus lugares de origen con todo y familia para huir de las amenazas de los narcos, de las autoridades o de ambos. Muchos periodistas simplemente se van sin dejar rastro.

Narra cómo también a muchos periodistas no les queda otra opción que ponerse al servicio de la delincuencia ante la amenaza de hacerles algo a ellos o a sus familias, en lugares de provincia en donde todos se conocen y conocen sus domicilios. Amenazados, se vuelven informantes o reclutadores de otros compañeros para servir de alguna forma al narco.

Narcoperiodismo también es la crónica de los periodistas y los medios de comunicación que no se dejan intimidar y que optan por no callar, aunque la muerte los siga de cerca. Como lo seguía a él.

Es también la crónica de los bombazos, como los que sufrió el diario El Mañana, de Reynosa, o el que sufrió Ríodoce, el semanario que el cronista fundó.

 

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