En Guerrero las comunidades son cómplices del narco

La Otra Opinión |
15-05-2017 03:27 PM

El pasado sábado los reporteros Alejandro Ortiz, de W Radio; Sergio Ocampo Arista, de La Jornada; Ángel Galeana, de Imagen Televisión; Jorge Martínez, de Quadratín Guerrero; Pablo Pérez García, del portal Hispano Post; y Hans Musielik, de Vice News, fueron retenidos en la región de Tierra Caliente, Guerrero, por un grupo de aproximadamente 100 personas armadas.

Los hechos se dieron un día después de que militares y policías del estado tomaran el control de la cabecera municipal de San Miguel Totolapan, de donde provenían los periodistas que perdieron cámaras fotográficas de vídeo, computadoras, celulares, dinero en efectivo y una camioneta.

En su testimonio, Jorge Martínez, de Quadratín, señaló esta mañana que fueron retenidos por un centenar de pobladores, entre los que se encontraban niños de entre 12 años en adelante, que portaban rifles y armas largas.

Esta versión confirmaría lo que hemos reiterado en varias ocasiones: que en ciertas comunidades de Guerrero los habitantes no son tan inocentes como nos quieren hacer creer.

De este modo, los normalistas de Ayotzinapa dejarían de ser víctimas del sistema y se convertirían en víctimas de sus propios actos, al igual que todos los que directa o indirectamente se relacionan con el narcotráfico y que acaban mal.

Vale la pena señalar que Guerrero es la entidad más peleada por el crimen organizado debido, y es que además de ser portuaria, cuenta con condiciones que la hacen ideal para la producción de amapola, mariguana y goma de opio.

Por ello no resulta sorprendente que el narco se haya propagado, y es que con recursos compraron el silencio y la colaboración de los ciudadanos que hoy se dedican a servir a los delincuentes, incluyendo niños y adultos.

De este modo, el caso de los periodistas retenidos por una comunidad entera deja en evidencia tres cosas:

  1. El ejercicio periodístico es cada vez más arriesgado en Guerrero.

  2. Los ciudadanos son cómplices del narco y los niños desde muy pequeños se suman a las filas de la delincuencia organizada.

  3. El gobierno de Héctor Astudillo resultó ser un fiasco, pues a casi tres años de mandato, las cosas parecen ir de mal en peor.

 

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