El pueblo mexicano no tiene el gobierno que merece

La Otra Opinión |
09-01-2017 06:47 PM

En su columna de hoy, Carlos Marín asegura que es ingenuo creer que los pueblos tienen los gobiernos que merecen, sobre todo porque si esa consigna fuera real, entonces los mexicanos tendríamos un gobierno realmente malo, realmente injusto, realmente inhumano.

Pero si usted duda de ello, a continuación le damos 10 razones que comprueban que no tenemos el gobierno que merecemos, si lo equiparamos con las acciones que día a día cometemos.

  1. Subir a cualquier transporte público significa volverse egoísta, sordo y hasta ciego; y es que aun cuando hay asientos reservados para embarazadas, mujeres --u hombres-- con bebés cargando y ancianos, muy pocos son los que realmente están dispuestos a ceder el lugar, mientras que el resto piensa: “Por qué debo ser yo el que se levante. También yo estoy cansado”. Ceder el asiento es un acto de solidaridad, por ello resulta absurdo pedir solidaridad a nuestro gobierno.

  2. Muchas calles del país están llenas de basura, y es que nadie está acostumbrado a cargar consigo una bolsita para guardar sus desechos o a esperar tener un bote de basura cerca para depositarlos ahí. Es más fácil tirar lo que no nos sirve en la calle porque: “Mañana o al rato pasa el barrendero o el camión de la basura”.

  3. A los conductores de automóviles particulares no les gusta ceder el paso al peatón, pero tampoco a otros automovilistas. Además, nunca falta el abusivo que se estaciona en lugares prohibidos y se quiere meter en las filas que suelen hacerse en las avenidas y salidas.

  4. ¿Cuántas veces no hemos oído el clásico: para poder subir permita bajar? Nos referimos a esos momentos en los que el metro va muy lleno y todos quieren salir, pero también todos quieren subir al vagón, entonces se hace un caos y al final el desorden sólo provoca el retraso del metro porque nadie deja bajar, pero tampoco subir. Es un círculo vicioso.

  5. Cuando somos empleados o jefes hay abuso de las dos partes: los primeros quieren trabajar lo menos posible, mientras que los segundos quieren que los empelados trabajen de más. No hay punto medio ni equilibrado, y al contrario, se cae en la explotación o en la procrastinación más radical.

  6. En redes sociales se ha vuelto frecuente el ataque y la intolerancia cuando se trata de confrontar posturas y opiniones. Al final a nadie se le da gusto y con nada se está conforme, pues sólo hay una verdad absoluta y no es la del contrario, sino la propia. Lo malo de estos casos es que no hay argumentos, sólo agresiones.

  7. Todavía se ven en las azoteas de las casas o en la parte trasera de los patios a perros amarrados, viviendo todo el tiempo en condiciones inhumanas, expuestos a la indolencia de los climas cambiantes y haciéndose animales bravos y desacostumbrados a socializar.

  8. Los peatones no utilizan los puentes dispuestos para ellos sobre las avenidas ni tampoco cruzan en pasos cebra. En ambos casos los pretextos son: “están lejos”, “tengo prisa”, “son cansados” o simplemente “dan flojera”.

  9. Se han creado aplicaciones o cuentas que en redes sociales informan a los ciudadanos en qué partes se localizan los alcoholímetros, y es que resulta más fácil consultar esta información antes que moderar el consumo de alcohol.

  10. Los ciclistas piden respeto y piden ciclovías pero ellos no respetan el espacio designado a los peatones y rompen reglas de tránsito universales, ¿cuántas veces no hemos visto a un ciclista pedalear sobre la banqueta o ir en sentido contrario a los coches?

Y como éstas, hay más muestras que nos confirman que los pueblos no tienen los gobiernos que merecen, ¿usted cuáles agregaría?

 

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