El PAN y Anaya, dormir con el enemigo

Ricardo Alemán |
26-10-2016 12:07 PM

La declaración es contundente: siempre criticamos a López Obrador y hoy tenemos a nuestro propio López Obrador en el PAN.

La declaración corresponde a Ernesto Cordero, ex precandidato presidencial del PAN, senador, y ex secretario de Hacienda y Crédito Público.

Se refería, por increíble que parezca, al presidente de su partido, Ricardo Anaya, a quien se le vino el mundo encima en días pasados cuando un grupo de gobernadores, en un primer momento y un sector de notables, poco después, le exigieron definir entre la dirigencia del partido y sus ambiciones personalísimas, como precandidato presidencial del PAN.

“La rebelión de la granja azul” –como llamamos a ese fenómeno gestado al interior del PAN-, no es otra cosa que el enojo de casi todos los sectores de Acción Nacional con su jefe nacional, Ricardo Anaya.

Y es que (El Cerillo) –como muchos motejan a Anaya-, literalmente perdió el piso, fue mareado por aduladores profesionales y, al final, creyó que no sólo era el mejor para la presidencia del partido, sino el llamado a buscar la candidatura presidencial por los azules. En el fondo, Ricardo Anaya, no es mas que el más acabado producto del PAN de los años recientes.

Es decir el político improvisado, oportunista, calculador, y habilidoso para la intriga, pero que carece del basamento ideológico del PAN y, sobre todo de la habilidad y el talento políticos.

Dicho de otro modo, Anaya es el más claro ejemplo del fracaso del PAN en su política para construir cuadros, para formar liderazgos, para edificar militantes cuya cultura democrática resulte ejemplar.

En los hechos –y esa es la parte más cuestionable de Anaya- el joven presidente nacional del PAN, no parece un militante de Acción Nacional, tampoco se comporta como un político formado en el partido azul y, mucho menos posee las capacidades, la formación y la solidez doctrinaria de jefes panistas de antaño.

En suma, Ricardo Anaya es el mejor ejemplo del oportunismo político, es el que deambula no sólo en el PAN, sino en el PRI, en el PRD, en Morena, y en la chiquillería partidista.

¿Por qué el PAN hizo presidente a un ambicioso sin límite, sin formación partidista, sin solidez ideológica y sin la convicción democrática que dio origen al partido?

En la respuesta los líderes históricos, los dirigentes custodios y el panismo en general, encontrarán el origen de la crisis que vive ese partido.

Al final de cuentas, les guste o no a los panistas, se hizo realidad la máxima acuñada por Felipe Calderón hace dos décadas.

Es decir, el PAN alcanzó el poder pero se perdió el partido. Hoy no hay ni poder ni partido.

Por lo menos ese es el menaje que gobernadores, líderes y militantes envían cuando cuestionan los excesos, los abusos y las ambiciones sin límite de Ricardo Anaya.

Y es que, a querer o no, hoy el PAN duerme con el enemigo no sólo en casa sino en su dirigencia nacional.

Al tiempo

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