El momentum de Ricardo Anaya

Rubén Cortés |
07-09-2017 10:00 AM

Ricardo Anaya es habilísimo: en una semana pasó de tener que explicar cómo él y su familia crecieron su fortuna en 300 millones de pesos, a tener a la vida política de México comiendo de su mano:

  1. Logró que, si en algún momento el procurador Raúl Cervantes podría convertirse en Fiscal en automático, eso ya nunca será.
  2. Con un plantón de su bancada sumió a la Cámara de Diputados en la peor crisis desde 1997, sin poder instalar mesa directiva.
  3. Está a punto de expulsar del partido a cinco senadores que le exigen dejar de ser a la vez aspirante a candidato presidencial y conducir el proceso interno para elegir al candidato presidencial.

Es decir, Anaya vive su momentum, esa palabra en latín por la que Newton se decidió
para explicar su descubrimiento de que un objeto en movimiento seguirá la misma dirección a una velocidad constante, a menos que sea interrumpido.

Y hay que agregarle otro logro: consiguió armar oficialmente la alianza electoral PAN, PRD y Movimiento Ciudadano para 2018, a pesar de las ideologías opuestas de los tres partidos. Pero lo relevante aquí es que Anaya alcanzó su momentum a partir de una crisis política que tuvo la indiscutible capacidad de crear él mismo por un interés exclusivamente personal: tapar la crisis familiar que le creó la difusión de un abrupto enriquecimiento.

El Universal publicó que Anaya y sus allegados pasaron en los últimos 14 años de seis a 33 propiedades, son dueños y accionistas en más de 17 empresas y su suegro adquirió en 2015 un predio en 83.1 millones de pesos donde edifica un lujoso proyecto inmobiliario que generará ganancias de 300 millones.

Anaya respondió que la divulgación de sus dineros era una venganza oficial por su negativa
a permitir que el procurador en turno se convierta automáticamente en fiscal, aunque él mismo había votado en 2014 por el “pase automático”.

Además de que éste ya no existe: el presidente envió un proyecto al Senado para dejarlo sin efecto. La huida hacia adelante le salió bien: en la percepción ciudadana queda que gracias a la oposición de Anaya se cayó el “fiscal carnal”, haciendo olvidar lo que él mismo apoyó como dirigente panista.

¿Sobre su voto a favor? Pues dice que en aquel momento no se dio cuenta qué votaba y
sólo lo entendió hasta un año después, gracias a “la presión de la sociedad civil”. Ése es el nivel de su avilantez: ni modo, vive su momentum.
Así que el dirigente nacional del PAN ha ganado una batalla, pero tempranera para la guerra que le espera: el dinero no se puede ocultar…

Y a Anaya le crece como hongos en la lluvia.

 

Tags: