El dedo nuestro de cada día

José Contreras |
08-08-2017 06:00 AM

José Contreras

A lo largo de su historia, el PRI demostró una cosa: que a pesar de haber estado dos sexenios consecutivos en la oposición, nunca superó su dependencia del método de selección de candidatos tradicional: el dedazo.

Pero al paso del tiempo, los demás partidos terminaron por expropiar el singular método, que habían criticado durante décadas.

Cuando estamos a punto de terminar la segunda década del Siglo XXI, el dedazo está más vivo que nunca; no solo no murió, sino que se reprodujo en el resto de los partidos, aunque con diferentes disfraces.

El PRI realizará el próximo sábado su XXII Asamblea Nacional, durante la cual definirá el método por el que definirá a quien será su candidato presidencial en el 2018.

Cualquier método que se apruebe será un disfraz del dedo presidencial que, con acotaciones, --Peña Nieto no ejerce el poder absoluto que ejercían antes los presidentes surgidos del PRI--  seleccionará al candidato a Los Pinos.

Cuando el PRI intentó sacudirse el dedo presidencial por poco se desbarata. De ninguna elección abierta para definir candidatos salió bien librado este partido.

Las cúpulas aprendieron la lección y por eso, de ninguna manera habrá elección abierta en diciembre, como piden algunos cartuchos quemados.

En Morena, que será uno de los partidos más competitivos en la sucesión presidencial, el dedazo es todavía más descarado que como lo fue en el PRI durante décadas.

En Morena, el dirigente nacional, Andrés Manuel López Obrador, dirigió su dedo abiertamente, sin disfraz y sin matices, hacia sí mismo, y desde antes de que fuera fundado el partido.

En este partido, en el que lo mismo hay izquierdistas tradicionales que empresarios frívolos, nadie se preocupa por el proceso interno y nadie, en su sano juicio, se atrevería a tener aspiraciones presidenciales. El candidato ya está definido. Problema resuelto.

El PAN, que durante las décadas que fue oposición se caracterizó por su democracia interna --democracia indirecta, con sus famosas convenciones-- en los últimos tiempos también recurrió al dedazo para definir candidaturas.

Los candidatos a gobernador en los estados de México, Coahuila y Nayarit, fueron definidos por el dedo del dirigente nacional, Ricardo Anaya.

Como López Obrador, Anaya ya apuntó su dedo hacia sí mismo, aunque al encontrar fuerte resistencia, lo más probable es que se lleve a cabo una negociación para que no sea solo uno sino tres o cuatro dedos, los que definan al candidato presidencial del 2018.

En el PRD también se dieron cuenta de las ventajas que ofrece usar el método que legó a ser exclusivo del PRI. Son varios dedos los que se mueven ahí, pero al fin y al cabo son esas pocas falanges las que definen las candidaturas, con lo que se ahorran los desgastantes procesos internos.

Paradójico: en un sistema democrático que aspira a su consolidación, los principales partidos políticos que buscan acceder al poder en las próximas elecciones harán de todo para definir a sus candidatos, menos ejercer la democracia interna.

OFF THE RECORD

**DELGADO RIDÍCULO

El senador de Morena, Mario Delgado, hizo el ridículo al expresar sus “aspiraciones” de contender por la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México.

En su partido solo causó risa.

Los encuestólogos que definirán al candidato ni siquiera lo tienen considerado.

Hay quien sí lo ve como candidato, pero para alguna delegación.

**FRENTE AMPLIO

El pasado viernes, Andrés Manuel López Obrador recibió una muy mala noticia.

El partido de siglas MC, propiedad de Dante Delgado, decidió sumarse a la idea de crear un Frente Amplio para buscar la Presidencia de la República.

Sí, MC es una rémora, un partido satélite.

Pero en competencias cerradas como la que se espera para el 2018, cada voto es importante.

Y esos pocos votos de MC pueden ser muchos, en determinado momento.

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