Casi linchan a dos “pinches chamacos”

La Otra Opinión |
05-01-2017 06:48 PM

“Soy un pinche chamaco. Lo sé porque todos lo saben. Ya deja, pinche chamaco. Deja allí, pinche chamaco. Qué haces, pinche chamaco. Son cosas que oigo todos los días. No importa quién las diga. Y es que las cosas que hago, en honor a la verdad, son las que haría cualquier pinche chamaco. Si bien que lo sé”.

Así comienza el cuento de Francisco Hinojosa, “A los pinches chamacos”, en el que relata la historia de tres adolescentes que después de excavar en el jardín de su edificio encuentran un cadáver y una pistola.

De este modo, y luego de enfrentarse a algunos regaños y castigos porque sus hallazgos traen consecuencias graves para los adultos que los rodean, determinan que lo mejor es escapar de sus respectivos hogares, por lo que roban un poco de dinero de sus padres, recuperan la pistola --que ya habían vendido-- y se dedican a sobrevivir con lo que tienen durante varios días, matando a diestra y siniestra a cualquiera que obstruya su camino.

Los menores saben bien lo que hacen cada que aprietan el gatillo y asesinan a alguien, o cada que se ven en la necesidad de robar o actuar con tal de salvar su vida.

Este cuento revela lo que por mucho tiempo se negaron a entender los adultos: los niños no son tontos, y entienden perfectamente la diferencia entre el bien y el mal, por ello es importante dedicarles atención y tiempo, para que no terminen convertidos en delincuentes o maleantes.

Sin embargo, la realidad es mucho más triste, pues aún hay padres de familia desinteresados en la formación de sus hijos, o interesados en fomentarles ideas negativas o perjudiciales para la sociedad.

Tal es el caso de los menores de edad Ismael y Antonio, el primero tiene 14 años y el segundo 17, quienes aparentemente crecieron desamparados o sin una figura responsable y apenas hace unos días fueron salvados por la policía de una turba que intentó lincharlos luego de que trataron de asaltar a una persona.

Los hechos ocurrieron en Chalco, Estado de México, y de no ser por las autoridades estatales y municipales, los adolescentes hubieran perdido la vida a manos de 150 ciudadanos.

En el cuento de Hinojosa, los menores actúan con malicia cada vez que tienen la oportunidad, quizá en parte porque nadie los orientó nunca, pero sí los regañaban en cada oportunidad.

En la vida real es preocupante que como Ismael y Antonio no sean los únicos menores en el país, o en el mundo, que se dedican a delinquir.

Desafortunadamente a ellos les tocó enfrentarse a una turba enradecida que casi termina con sus vidas.

 

Si quiere leer el cuento de Francisco Hinojosa, "A los pinches chamacos", dé click aquí.

 

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