Anaya y Barrales, el dueto de los aferrados

Rubén Cortés |
04-10-2017 09:53 AM

El mensaje de Alejandra Barrales y su jefe político Ricardo Anaya es que les va la vida en ser, ella, candidata a Jefa de Gobierno y, él, a presidente. Para lograrlo se aferran al control burocrático que les da la condición de dirigentes nacionales de sus partidos, que es bastante, pero no basta.

Para empezar, les está pasando factura el rótulo que le pusieron a sus proyectos personales: Frente Ciudadano, que se les convierte en una trampa. Al ser “ciudadano”, es de todos. Por eso ayer les tomó la palabra Nueva Alianza.

Luis Castro, su dirigente, aceptó que el Frente es una maravilla y que se suma si el candidato resulta de una consulta abierta a la población en la tercera semana de noviembre.

Antes, dos compañeros de Anaya (Margarita Zavala y Moreno Valle) y uno de Barrales (el gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles) demandaron garantías de participación de la sociedad con modelo “democrático e incluyente”.

Y, como es “ciudadano”, se seguirán sumando otros, siempre con la exigencia de inclusión y apertura para que cualquiera pueda inscribirse como aspirante y haya debates públicos entre todos.

Aunque ningún intento va a prosperar porque el Frente es un invento de Anaya para ser candidato presidencial y un salvavidas de Barrales para mantener al PRD con acceso a prerrogativas del erario.

El error fue de Anaya, a quien le gana su indiscutible habilidad como ser humano. Algunos llaman a esa cualidad “inteligencia”, pero la “inteligencia” calificada así de manera genérica no existe. La respuesta la tiene el clásico: “Fulano es inteligente, ¿pero para qué?”
Anaya ha sido muy hábil imitando a AMLO en la efectividad de los mensajes populistas: cortos, coloquiales, contundentes, pegajosos, al estilo de “Frente Ciudadano”, “Fiscal Carnal”, “Claro que se puede, ¿a poco no?”, “Los corruptos a la cárcel”, “Que nadie nos diga que no se puede”…

Pero Anaya no es AMLO. Los tres lustros de Anaya en política transcurrieron rodeado de la gente, las instituciones, el entramado que procura mantener y controla el orden establecido: eso que llaman el establishment. De ahí pudo crecer su patrimonio familiar en más de 300 millones de pesos.

Por ejemplo, en 2015 pidió al PRI no mencionar en la campaña que tenía a su familia en Atlanta; el PRI no lo mencionó. Anaya se niega a sí mismo. Es un actor, pero su habilidad le pasará la cuenta: hizo un Frente Ciudadano para él solito, pero acabarán exigiéndole que de verdad sea “ciudadano”.

Cada día aparecen más aspirantes de “perfil ciudadano” para competir en una contienda abierta del Frente. Y también más partidos. A fin de cuentas es un frente para todos, menos el PRI.

No, ser hábil no basta.

 

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