AMLO: el político avestruz

La Otra Opinión |
25-07-2017 06:34 PM

El pasado 9 de febrero, la Marina Armada de México realizó un operativo en Tepic, Nayarit, en el que consiguió abatir a 14 integrantes del Cártel de los Beltrán Leyva, incluído Juan Francisco Patrón —alias “El H-2”—, líder del grupo delincuencial.

Tan sólo dos días después, durante su gira por Nayarit, AMLO aprovechó la coyuntura para golpear al gobierno federal: calificó el operativo como una “masacre”; dijo que los delincuentes eran “víctimas”; que las Fuerzas Armadas habían “ajusticiado” a “menores de edad”; y hasta aprovechó para hacer una promesa de campaña: que cuando triunfe Morena “se acabará la guerra”, no se va “enfrentar la violencia con violencia”, se apoyará a los jóvenes, se impulsará el campo, y habrá trabajo para todos.

Cinco meses después, ante un hecho de similares características al de la supuesta “masacre de Nayarit”, López Obrador ha guardado silencio por cinco días. El pasado jueves, en Tláhuac, también se realizó un operativo en el que participó la Marina. También hubo abatidos --ocho en este caso-- y también cayó el líder de un grupo delincuencial: Felipe de Jesús Pérez Luna, alias “El Ojos”, cabecilla del Cártel de Tláhuac.

El tabasqueño no ha salido a criticar a la Marina ni a la Policía Federal; tampoco ha dicho que se trató de una “masacre”; no ha calificado a los delincuentes como “víctimas” ni ha dicho que se trató de jóvenes a quienes “la política neoliberal les canceló el futuro y los empujó a tomar el camino de conductas antisociales”.

Y mucho menos ha dicho que cuando triunfe Morena las cosas van a cambiar… porque en Tláhuac ya gobierna Morena, con un delegado, Rigoberto Salgado, acusado de tener vínculos con el grupo delincuencial en cuestión. A Salgado no sólo se le señala por solapar a la banda de “El Ojos”; también se presume que el delegado morenista financió su campaña con dinero y apoyo del Cártel de Tláhuac.

De modo que López Obrador es el primero en señalar salir a criticar al gobierno federal, a gobiernos estatales, y a otros partidos cuando puede sacar provecho de la situación. Pero cuando el escándalo alcanza a su propio partido, esconde la cabeza como avestruz.

AMLO no ha dicho ni una palabra sobre el caso de Javier Duarte desde que el exgobernador de Veracruz fue extraditado a México, cosa llamativa considerando que Duarte es señalado por haber financiado campañas de Morena en la entidad. Lejos de criticar a Duarte, hasta hace poco sostenía que expriista es un “chivo expiatorio”. Ahora sólo calla.

López también se hizo el mudo ante los escándalos de Morena en el más reciente proceso electoral: los descuentos a los trabajadores de Texcoco para financiar la campaña de Delfina Gómez; los videoescándalos de Eva Cadena; y la llamada entre su hijo, Andrés Manuel López Beltrán y la secretaria de Morena, Yeidckol Polevnsky, donde se escucha a ambos hablar sobre triangulación de recursos para financiar las campañas del partido.

Y a pesar de los señalamientos que vinculan a Morena con la dictadura Venezolana, ha evitado criticar la violación de derechos humanos, la crisis humanitaria, los golpes contra la Asamblea Nacional, y la represión en el país sudamericano.

¿Estaba Morena ligada con el Cártel de Tláhuac? ¿Se financiaron las campañas de Morena con “moches” y desvíos de recursos? ¿Es AMLO simpatizante de la dictadura chavista?

El que calla, otorga.

 

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