AMLO aún espanta a los empresarios: las pruebas

La Otra Opinión |
29-09-2017 04:38 PM

Andrés Manuel López Obrador, ha dicho varias veces que los empresarios del país ya no lo ven con temor, como lo veían hace 12 años, cuando realizaba su primera de las tres campañas consecutivas por la Presidencia de la República.

Sin embargo, los hechos lo desmienten: en febrero de este año, el ex presidente de la Coparmex, Alberto Núñez Esteva, declaró: “Su pasado populista y sus descalificaciones a este sector todavía lo persiguen”.

El pasado 9 de mayo, el actual presidente de este organismo cúpula empresarial, Gustavo de Hoyos, advirtió: “Nos preocuparía una expresión similar a la de Venezuela en donde hubiera un riesgo contra las libertades básicas como expresión y política, democracia y falta de certeza”, en clara alusión al político tabasqueño y a su proyecto político.

Y ayer, el presidente del BBVA, Francisco González, advirtió: “México va a sufrir un retroceso si los ciudadanos eligen el próximo año a un candidato populista, que promete muchas cosas que después no va a poder entregar”.

El empresario banquero agregó: “Si quien ocupe la Presidencia es una persona que tiene una visión más del pasado, es decir, populista, pensando en que se pueden prometer muchas cosas que después no se van a poder entregar, eso va a ser una vuelta atrás, sin lugar a dudas”.

Conclusión: para los empresarios, López Obrador sigue siendo “un peligro para México” como rezaba el eslogan promovido en el 2006 precisamente por el sector patronal.

Es verdad que algunos empresarios han decidido hacerle ronda a López Obrador, pero se trata de algunos que antes fueron brillantes y ahora se encuentran quebrados, como el ex salinista Alfonso Romo, ahora convertido en el brazo derecho de quien pregonaba que “primero los pobres”.

Cierto también que hay otros que lo consecuentan casi a escondidas, pero lo hacen más por agradecimiento por favores recibidos en el pasado y por conveniencia, que por afinidad, como Carlos Slim y Ricardo Salinas Pliego.  Son parte de un muy reducido grupo de empresarios obradoristas de closet.

Pero los grandes empresarios, los que forman un núcleo sólido a través de organizaciones cúpula, no ven con buenos ojos ni al eterno aspirante presidencial ni a su proyecto político populista.

 

 

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