Algo muy malo va a suceder en la CDMX

La Otra Opinión |
04-01-2017 06:35 PM

 

“Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde:

-No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo.”

Así comienza el cuento  “Algo muy grave va a suceder en este pueblo”, del escritor colombiano Gabriel García Márquez, en el que relata cómo un presentimiento se convierte en realidad no por su naturaleza premonitoria, sino por el poder que tiene el fenómeno “de boca en boca”, chisme o rumor.

Y es que, lo que al inicio es para la madre una simple sensación de que algo malo va a ocurrir termina siendo real porque contagia a sus hijos del temor, los cuales a su vez contagian a sus amigos, quienes al mismo tiempo contagian a sus familias y así, el pueblo termina cayendo en un caos sin sentido.

Vale la pena recordar este cuento porque desde la mañana de hoy en diversas delegaciones de la Ciudad de México los ciudadanos prefirieron bajar las cortinas de sus negocios, dejar sus puestos de trabajo y vaciar las calles para esconderse en sus casas de grupos de supuestos “encapuchados” que habían llegado a sus colonias para saquear y golpear a cuanto civil se cruzara en su camino.

De este modo, las redes sociales se inundaron de mensajes de pánico y la histeria colectiva se hizo presente, pues aunque nadie veía a los encapuchados, todos les temían.

El rumor creció de la misma forma en diversos puntos de la capital; sin embargo, nadie acertaba a compartir una imagen o prueba que demostrara la realidad de la situación.

En el cuento de García Márquez, a los habitantes del pueblo se les sembró la duda terminaron por creer y temerle a algo desconocido que al final se hizo verdad.

Del mismo modo en el caso que tuvo fecha este día, se sembró la duda en los capitalinos sobre la existencia y peligrosidad de los encapuchados, por ello la histeria se hizo colectiva, pues todos querían estar a salvo y todos querían asegurar que sus conocidos estaban bien.

Los oportunistas y la rapiña no se hicieron esperar en esta situación, no obstante fueron parte de las consecuencias, no la causa, como se rumoró.

Lo escabroso de todo es que el rumor salió de un lugar, desconocido aún para este medio, y los interesados en generar crisis tenían un objetivo que sin duda se cumplió, porque durante varias horas la ciudad se paralizó.


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