A 22 años, más "hambre y sed de justicia"

Ayer se cumplieron 22 años del asesinato de Luis Donaldo Colosio, el malogrado candidato presidencial del PRI.
Y también se cumplieron 22 años del histórico discurso del 6 de marzo de 1994, en el que Colosio parafraseó el mítico mensaje de Martin Lither King –,“tengo un sueño”–, y en el que destacó: “veo un México con hambre y sed de justicia; un México de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían servirla”.
Lo cierto es que a 22 años del histórico discurso de Colosio, en México es mayor el “hambre de sed y justicia” que en aquel 6 de marzo de 1994 y son más los mexicanos agraviados.
Hambre de sed y justicia de familiares de una joven abusada por la banda juvenil “Los Porkis” –que opera en Veracruz–, y que integran, entre otros, Jorge Cotaita Cabrales, Diego Cruz Alonso, Gerardo Rodríguez Acosta y Enrique Capitaine Marín, quienes gozan de libertad a pesar de que en declaración ministerial aceptaron haber cometido el delito de violación contra la joven Daphne.
Hambre de sed y justicia porque el ultraje a la joven Daphne se cometió el 3 de enero de 2015 y apenas fue denunciado en febrero de 2016; sed de justicia porque el Fiscal General de Veracruz, Luis Ángel Bravo no da la cara ante un escándalo como el de la violación tumultuaria; hambre de justicia porque a nadie en el Poder Judicial de Veracruz le importa aclarar el crimen y castigar a los responsables, a pesar de que los jóvenes criminales confesaron el crimen y han cometido muchos otros delitos.
Hambre de sed y justicia porque a pesar del escándalo mundial por el crimen de los 43 de Ayotzinapa, una parte de la sociedad, cierta prensa y hasta los padres de los jóvenes asesinados sólo reclaman la intervención del gobierno federal, sin exigir nada contra las bandas criminales que habrían secuestrado y asesinado a los jóvenes normalistas.
Hambre de sed y justicia porque existen estados como Tamaulipas, Durango y Michoacán –entre otros–, secuestrados por las poderosas bandas criminales, intocables por los gobiernos municipales y estatales. Hambre de sed y justicias porque a pesar del crimen de Colosio y la llamada de atención que significó para el Estado todo, las bandas criminales siguen matando policías, periodistas y políticos, sin que nadie haga nada.
A 22 años sigue presente el México “de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes debían servirla”; mexicanos agraviados por jueces magistrados y ministros de la Corte que hacen su negocio particular con la liberación de secuestradores y secuestradoras –como los casos de Florence Cassez y Nestora Salgado–, como la liberación de narcotraficantes y la venta de la justicia al mejor postor.
Mexicanos agraviados por la corrupción y la transa de políticos del PRI, PAN, PRD, Morena, PVEM y Panal –entre otros–, que sólo van detrás del dinero y a quienes nada importa el ciudadano, razón de ser del Estado.
Mexicanos agraviados por gremios corruptos y criminales, como la CNTE, que saquea el dinero público, que extorsiona a los maestros y a las autoridades y que deja sin clases a millones de niños, en estados como Oaxaca, Chiapas, Michoacán…
A 22 años de que Colosio veía un México con hambre y sed de justicia y de mexicanos agraviados, el nuestro sigue siendo un país hambriento de justicia y el agravio se ha traducido en desencanto ciudadano, respecto a los partidos, los gobiernos y la democracia mexicana.
De poco parece haber servido el sacrificio de Colosio, la sacudida al Estado y la lección vivida.
Al tiempo.

Tomado de Milenio